Colette sobre Marcel Proust
Él era un hombre joven en la misma época en que yo era una mujer joven, pero no fue en ese tiempo en que pude conocerlo bien. Encontraba a Marcel Proust los miércoles, en casa de Madame de Caillavet y me gustaban poco su gran educación, la atención excesiva que dispensaba a sus interlocutores, una atención que marcaba demasiado, entre ella y él, la diferencia de edad. Ya que parecía singularmente joven, más joven que todos los hombres, más joven que todas las mujeres jóvenes. Con grandes ojeras oscuras y melancólicas, una tez ora ruborosa ora pálida, los ojos ansiosos, la boca, cuando callaba, apretada y hermética como para un beso… Trajes de ceremonia y una mecha de cabellos desordenados. Durante muchos años dejé de verlo. Decían que ya estaba muy enfermo. Y entonces, un día, Louis de Robert me dio Por el camino de Swann… ¡Qué logro! El dédalo de la infancia, de la adolescencia reabierta, explicado, claro y vertiginoso… Todo lo que uno hubiera querido escribir, tod...
